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La imagen incluye lo que a mi juicio debe conocer un técnico electricista. La Universidad de East Anglia, la líder en cambio climático, preveía a mediados de los 70, el comienzo de una nueva era glacial, y varias instituciones rusas también lo afirman hoy, pero como por ese discurso no les daban un céntimo, se pasaron a lo contrario, y desde entonces reciben rios de dinero, 19 millones de dólares recientemente. Esto es lo que el conocido escritor Michel Crichton denomina ecoterrorismo”, científicos dispuestos a modificar manipular sus datos según las necesidades de las organizaciones que les subvencionan. Pero el fraude es peor aun, hace dos años se produjo el invierno mas frío en cien años en el hemisferio sur, hasta nevaría en Buenos Aires.

Una falsificación que no es nueva, porque es la que llevan haciendo décadas los marxista ecologistas, utilizando fotos de glaciares en verano con menos hielo, diciendo que son de invierno, filmando desprendimientos de masas de hielo polar en verano, diciendo que es en invierno. Si el aumento de CO2 en la atmósfera - ha pasado de una media de 250 ppm a 380 ppm - produjera un efecto invernadero, las temperaturas no podrían oscilar, solo subir. En los años veinte, Stalin creó gigantescos complejos industriales altamente contaminantes,como Magnitogorsk.

También es falso que los polos se estén derritiendo, el Polo Sur, que contiene el 90 % del hielo de la tierra, se esta enfriando, las mediciones con radar de banda lateral muestran que la masa de hielo de la Antártida oeste crece al ritmo de 26,8 gigatoneladas año, y el hielo marino antártico dura ahora 21 días mas que en 1979. Pero el servicio sólo se vería perjudicado al principio hasta que se autoregulara.

La mentira y la demagogia son las armas que le quedan a la izquierda, y ahí tienen a Zapatero un inepto proteico que sabe de clima lo que yo de obispo, y que además el mayor contaminador de Europa, al frente de la manifestación. También es obvio, que cuanto menos contaminantes arrojemos a la atmósfera será mejor `para nosotros, ya que una cosa es que no produzcan efecto invernadero, y otra muy distinta que no puedan afectar a la salud y a la biodiversidad. He llorado con madres por el sufrimiento inútil de sus hijos, nacidos con malformaciones, en un mundo sin esperanza…». Bastaría un temblor de tierra para partirlo en dos y liberar su carga letal de residuos radiactivos.

Las palabras de Gerd Ludwig resumen cinco meses de trabajo por los caminos de las quince naciones que integraban la antigua Unión Soviética. Aunque las autoridades actuales muestran el mismo hermetismo que sus antecesores, durante esos cinco meses y tras superar innumerables problemas administrativos, Ludwig pudo captar con su cámara el horror en toda su crudeza. En el momento de la desaparición de la URSS, en diciembre de 1991, el 20% de su territorio estaba considerado como siniestrado. Cuatro años después, la crisis económica ha empeorado la situación y Rusia encabeza actualmente la lista de países donde se cometen los atentados ecológicos más graves.

La crisis económica amenaza también con arruinar de forma irreversible las extraordinarias riquezas naturales del país: Rusia tiene el 20% de la masa forestal del planeta, el lago más profundo del mundo (el Baikal), la costa más larga (çrtico) y un gran número de raras especies animales. Solo que no habrá suficiente fármacos para curar tanta enfermedad mental colectiva.

Al vetusto tejido industrial heredado de la era soviética y que sigue en funcionamiento se añade otro problema ecológico mucho más inquietante: el drama nuclear. El 26 de abril de 1986 Occidente descubrió con horror la auténtica realidad respecto a las instalaciones nucleares de la antigua URSS, una bomba de relojería de efectos devastadores. Cuantificar el número de víctimas que provocó y sigue provocando el accidente de la central ucraniana no es fácil.

La central nuclear de Chernobil, inaugurada en 1977, tiene cuatro reactores: el primero y el tercero siguen en funcionamiento, el segundo se encuentra averiado tras sufrir un incendio en 1991, y el cuarto fue el que explotó en 1986. Una de las consecuencias más espeluznantes de Chernobil ha sido el incremento del cáncer de tiroides en los niños. Algunos de los evacuados de los pueblos cercanos a la central han regresado a sus casas.

Los costes económicos del accidente, en cambio, sí están perfectamente cuantificados: las consecuencias de Chernobil consumen el 15% del presupuesto de Ucrania. En Mayak trabajan 14.000 personas que reciclan combustible de centrales nucleares y vitrifican sus residuos radiactivos. Entre 1948 y 1951, la fábrica, también conocida como Cheliabinsk 65, arrojó al río Techa residuos que contenían dos millones de curios de radiactividad, alrededor de la mitad de lo arrojado por la bomba de Hiroshima.

Situada en la región de Cheliabinsk, en los Urales, la fábrica Mayak, que elaboraba el plutonio para las bombas atómicas de la antigua URSS, provocó el más siniestro caso de exposición radiactiva prolongada durante décadas sobre 440.000 personas. Entre las repúblicas de Kazajstán y Uzbekistán se encuentra el mejor ejemplo de la acción del hombre sobre el medio ambiente: el Mar Aral. El agua que le alimentaba, procedente de los ríos Amu Daria y Sir Daria, fue desviada en los años sesenta para regar campos de algodón. En sólo treinta años el Aral ha perdido tres cuartas partes de su volumen y cerca de la mitad de su superficie.


En su barrio, una zona industrial al norte de Moscú, cuatro niños nacieron mancos de la mano izquierda en un periodo de nueve meses, entre el 19 de septiembre de 1987 y el 1 de julio de 1988. Sin embargo, el asunto llegó a manos de médicos genetistas que encontraron un segundo grupo de cuatro niños también mancos en otro barrio situado a 5 kilómetros del de Tamara.

Los siento Sr. Centeno, pero aquí se le ha ido un poco la pinza… si piensa que se puede aumentar los niveles de CO2, gas con un fuerte efecto invernadero constantemente sin consecuencias es vd un iluso. La concetración actual es la mayor desde hace 65 millones de años, la época de los dinosaurios. Un sistema tan viejo como la tierra no cambia en unos pocos años, y el desantre medioambiental que el homo sapiens ha hecho en 100 años, se pagará miles y miles de años. La concentración de CO2 en la atmófera en el Holoceno (hace 12.000años) era de 7.000ppm. Una cosa es discrepar el sr. Centeno y otra es mentir descaradamente no saber ni de lo que se habla (lo habitual en Expaña).

Que haya muchas sandías por ahí (verdes por fuera, rojos por dentro), no quiere decir que ciéntificos muy serios que no tienen nada que ganar sean muy claros, como James Lovelock, descubridor del agujero de ozono, al que gente como vd también negaban hace 25 años que la actividad humana era su causa. Aquí la lluvia, como en el Cantábrico, es convectiva, procedente del vapor de agua del mar.

Antes de la revolución industrial la concentración de CO2 en atmósfera era de 280 ppm, incrementándose a principios de los años 90 a 355. De forma global, el contenido de CO2 en atmósfera no pasa del 0.037% en volumen, y ojito con lo que se afirma, porque estas medidas son variables, y con las estaciones el CO2 en atmósfera varía, y mucho, especialmente en verano. De igual forma hay que tener en cuenta que los océanos hacen de sistema tampon y absorben gran cantidad del CO2 que hay en la atmósfera, ya que es en ellos donde se produce la fotosintesis que nos aporta le 95% del oxígeno que respiramos.

De forma global, y de media, el CO2 no permanece en la atmósfera más de 3 días, que es el tiempo medio hasta que es capturado y asimilado y/ reconvertido. Al Gore, admite ahora que el CO2 no es el principal causante del cambio climático, contradiciendo así las conclusiones vertidas en su documental Una Verdad Incómoda. El ex vicepresidente de EEUU Al Gore, Premio Nobel en 2007 gracias al éxito de su documental Una Verdad Incómoda, admite ahora que la mayor parte del calentamiento global registrado hasta 2001 no responde a las emisiones de CO2. La prestigiosa revista Newsweek es la encargada de lanzar la nueva verdad incómoda a Al Gore y sus acólitos.

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